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jueves, 26 de febrero de 2009

Guía de seguridad para sobrevivir en las Redes Sociales

Recopilar información de los usuarios constituye el negocio de Facebook y de otros servicios de ese tipo. La publicidad orientada a nuestros intereses y el aumento de las visitas son la base económica de estas compañías.

Pero si sabemos cómo funcionan estas redes, podremos brindar la información justa para poner la publicidad a nuestro servicio, evitar abusos por parte de extraños y, sobre todo, proteger la seguridad personal y patrimonial de nuestra familia.

Hay dos clases de perfiles: públicos y privados. Los públicos son visibles a todos los suscriptos a esa red social. Salvo que tengamos la intención manifiesta de poner nuestra información al alcance de todo el mundo de forma directa, es decir, a un clic, lo mejor es crear un perfil privado, que sólo será accesible a nuestros contactos o, como se dice en Facebook, “amigos”.

Nunca hay que revelar nuestra dirección postal, teléfono, celular, datos patrimoniales, números de cuentas de banco, tarjetas de crédito, documento de identidad y así. No importa si nuestro perfil es privado. Como se verá enseguida, un “amigo” puede replicar esta información en su perfil público sin mala intención, poniendo nuestros datos al alcance de todos los demás usuarios.

Identidad digital


La posibilidad de ponerse en contacto con millones de personas de forma remota y sencilla tiene una contra: al subir información a Internet perdemos todo control sobre ella.

No es culpa de Facebook, MySpace o Google; es la naturaleza de Internet en particular y las computadoras en general. Más sensato es considerar que todo lo que subimos a Internet se convierte en cosa pública.

Por eso, no hay que cargar en nuestro perfil de Facebook ni cualquier otro servicio el material que no estaríamos dispuestos a mostrar a desconocidos. Eso reduce considerablemente el espectro de lo que conviene poner en línea, pero nos garantiza que no habrá sorpresas desagradables en el futuro.

En el caso de fotos y videos, por ejemplo, es menester asegurarse de que no estamos poniendo en evidencia nuestra dirección postal, los horarios familiares, la escuela a la que van nuestros hijos, la existencia de un patrimonio que pudiera tentar a sujetos malintencionados.

Conviene evitar, dentro de lo posible, publicar fotos de nuestros hijos menores de edad. Nunca, por ningún motivo, hay que subir fotos de los hijos de nuestros conocidos, familiares o amigos. Debemos tener siempre presente que esa potestad es exclusiva de sus respectivos padres.


Opciones


Hay que revisar minuciosamente las opciones de privacidad de una red social en el momento de suscribirse y limitar estrictamente quién accederá a nuestra información. Esto, sin embargo, repetimos, no garantiza que nuestros contactos no repliquen nuestros datos.

En Facebook está la etiqueta Configuración, arriba a la derecha. Al colocar el ratón sobre ella, se despliegan tres opciones. La primera es Privacidad. En cuatro categorías, es posible aquí establecer quiénes podrán ver nuestro perfil, leer la información básica y la personal, enterarse de las actualizaciones de estado, quién puede encontrarnos en una búsqueda y qué historias aparecen en tu tablón de anuncios (llamado Muro, en Facebook), entre otras.

Limitar el acceso sólo a nuestros amigos y escoger con cuidado el tipo de noticias que se harán visibles es el primer paso para asumir el control de nuestra identidad digital.



Fuente: devasblog.wordpress.com